miércoles, agosto 17

Acoso Sexual, ¿inmunidad masculina?

Alguien como tú
Gladys de L. Pérez Maldonado
25|07|2022

Una de las formas de violencia que se ejerce contra una mujer es el “Acoso Sexual” en los centros de trabajo. Se traduce “como cualquier comportamiento físico o verbal de naturaleza sexual que tenga el propósito o produzca el efecto de atentar contra la dignidad de una persona; en particular, cuando se crea un entorno laboral intimidatorio, degradante u ofensivo.”.
Diariamente cientos de mujeres son violentadas o acosadas en el ámbito laboral, ya sea por un compañero que se encuentre en similares circunstancias de trabajo, en una relación horizontal, o bien, en una relación de subordinación, en una relación vertical.
¿Cómo podemos identificar que estamos siendo acosadas sexualmente? El acosamiento sexual puede ser físico, cuando existe la violencia directa a la víctima con jaloneos, tocamientos, familiaridad innecesaria, tal como rozar el cuerpo deliberadamente; o bien, se representa de manera verbal con comentarios y preguntas sobre el aspecto, el estilo de vida, la preferencia sexual, llamadas de teléfono con pretextos de trabajo que terminan en ser íntimas, invitaciones no deseadas o provocadas para tener sexo o persistentes para salir a citas, en insultos o burlas de naturaleza sexual y en ocasiones quid pro quo, en latín: “algo a cambio de algo”.
A todo lo anterior se deben sumar los gestos de connotación sexual, miradas lujuriosas, etcétera.
Con esto, se genera en los centros de trabajo un ambiente intimidatorio, hostil o humillante para la persona que es objeto de este tipo de agresividad sexual, que además provoca a la víctima estrés, ansiedad, depresión, insomnio, enfermedades físicas y mentales, hábitos adictivos y hasta se puede llegar al suicidio.
Los empleadores por su lado, sufren disminución de la productividad, desmotivación, ausentismo, deterioro de las relaciones laborales, gastos por procedimientos administrativos, jurisdiccionales e indemnizaciones.
Los actos groseros, libidinosos y acosadores de muchos hombres han sido y siguen siendo la tortura de las mujeres que trabajan para ellos. Resulta muy difícil probar un acoso sexual en el trabajo, a menos que deje huellas físicas como sería en el caso de una violación, sin embargo, los manoseos, los forcejeos y las propuestas verbales, son casi imposibles de constatar, pareciera que el hombre es inmune ante esta conducta.
Consecuentemente, la mujer no denuncia, aguanta y calla, en una decisión de sobrevivencia laboral y temor al descrédito social, quedando revictimizada, culpabilizada, excluida y rechazada. Es la palabra de la mujer contra la palabra del hombre.
En este contexto, ¡NO estamos victimizando a la mujer!, el Acoso Sexual siempre ha existido, con las mujeres trabajadores de las fábricas, el campo, al servicio doméstico, por mencionar algunas, que por su condición de subordinación al patrón callaron ante tal agresividad en su dignidad como personas.
Se dice hasta ahora, pues la mujer tiene más espacio en la esfera laboral y gracias a los movimientos de no discriminación y no violencia contra la mujer, que han logrado la visibilización y sensibilización del problema.
A partir de los años sesenta fue que surgió en los Estados Unidos el movimiento feminista exigiendo la libertad sexual de las mujeres y el tema se volvió de suma importancia y la violencia sexual se consideró el enemigo a vencer.
De ahí que han surgido múltiples razonamientos en cuanto a la verdadera o no connotación de cual conducta se debe considerar como acosadora con tintes sexuales. Así, recordemos que en el 2018 surgió el movimiento MeToo en Norteamérica, mediante el cual fueron denunciadas varias personalidades del medio artístico por sus conductas acosadoras, y en contraposición, el movimiento feminista francés calificó dicho levantamiento como “puritano”, pues las feministas francesas no consideraron “Acoso Sexual” los argumentos señalados por las norteamericanas. Como señala Marta Lamas, en su libro Acoso, a Francia se le ve como la nación que aprecia la seducción y el juego del amor, y a Estados Unidos como un país que impera el puritanismo.
Aquí lo relevante es el sentir de cada mujer, si la conducta de un hombre nos hace sentir menoscabadas en nuestra integridad y dignidad como Seres Humanos, temerosas de asistir a trabajar, si bajo amenaza y chantaje intenta que realicemos ciertas conductas sexuales, es el tiempo de hablar y denunciar, alejémonos del miedo de perder el empleo, defendamos nuestra honra, que no nos de vergüenza a la mujer, que le de vergüenza al hombre por abusar del poder estereotipado que injustamente pretende seguir ejerciendo sobre nosotras con comportamientos libidinosos.
El hombre ahora se queja porque la mujer denuncia el Acoso Sexual, nos critica porque ejercemos nuestro derecho a la libertad sexual y exigimos nos sea respetado, pues no señores, mejor preocúpense por conducirse adecuadamente en sociedad sin violentar los Derechos Humanos de las mujeres y así nadie los denunciará, ¡no son inmunes!…

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